Fondos cerrados: por qué no se comparan con los abiertos
Un fondo cerrado emite un número fijo de cuotas y ahí se acaba: para entrar hay que comprárselas a alguien, y para salir, vendérselas a alguien. No hay rescate.
En un fondo abierto entras y sales con la gestora: pides el rescate y te paga según su liquidez. En uno cerrado no existe esa puerta. Sus cuotas se colocaron una vez —en uno o varios tramos, con su precio y su ISIN— y desde entonces cambian de manos en la bolsa. El precio al que cambian de manos es su valor de cuota.
La otra diferencia grande es la fecha: un cerrado vence. En el registro dominicano los hay que vencen en 2034 y otros en 2054. Al llegar ese día el fondo se liquida y devuelve el capital a quien tenga las cuotas. Mientras tanto, muchos reparten dividendos, normalmente cada año o cada trimestre.
Y de ahí sale la trampa que más importa: la rentabilidad que publica un cerrado suele salir SOLO del precio de la cuota, sin contar los dividendos que ya te pagó. En Rinde eso se marca con un asterisco y se dice en su ficha, y los repartos se listan aparte con su fecha. Poner ese número junto al de un fondo abierto —que sí lo incluye todo— sería comparar dos cosas distintas justo en la cifra que más se mira.