Fondos cerrados: por qué no se comparan con los abiertos
Un fondo cerrado emite un número fijo de cuotas y ahí se acaba: para entrar hay que comprárselas a alguien, y para salir, vendérselas a alguien. No hay rescate.
En un fondo abierto entras y sales con la gestora: pides el rescate y te paga según sus reglas: cuánto tiempo tienes que dejarlo, cuánto cuesta salir antes y cuándo te llega (lo contamos en «Permanencia, comisión y T+1»). En uno cerrado no existe esa puerta. Sus cuotas se colocaron una vez —en uno o varios tramos, con su precio y su ISIN, el código que identifica cada emisión— y desde entonces cambian de manos en la bolsa. Ojo: el precio al que cambian de manos NO tiene por qué ser el valor de cuota que publica la gestora: puede negociarse por encima o por debajo.
La otra diferencia grande es la fecha: un cerrado vence. En el registro dominicano los hay que vencen en 2027 y otros en 2056. Al llegar ese día el fondo se liquida y reparte lo que valga entre quienes tengan las cuotas. Mientras tanto, unos reparten dividendos y otros acumulan la ganancia para el final: en el catálogo, la columna «Repartos 12m» dice qué hizo cada uno el último año.
La rentabilidad merece una pausa: en la mayoría de los cerrados del registro la cifra YA incluye los dividendos repartidos; los que no, llevan en Rinde la marca «Rentab. sin repartos» y en ellos hay que mirar las dos cifras juntas. Aun así no se compara un cerrado con un abierto: el precio real de entrada es el de bolsa, no el de rescate, y la fecha de vencimiento cambia todo el juego.